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El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve. Cuál es la verdad? El río que fluye y pasa donde el barco y el barquero son también ondas del agua? O este soñar del marino siempre con ribera y ancla? ¿Para qué llamar caminos a los surcos del azar?... Todo el que camina anda, como Jesús, sobre el mar. A quien nos justifica nuestra desconfianza llamamos enemigo, ladrón de una esperanza. Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía que dio a cascar al diente de la sabiduría. Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender. Ni vale nada el fruto cogido sin sazón... Ni aunque te elogie un bruto ha de tener razón. De lo que llaman los hombres virtud, justicia y bondad, una mitad es envidia, y la otra no es caridad. En preguntar lo que sabes el tiempo no has de perder... Y a preguntas sin respuesta ¿quién te podrá responder? ¡Ojos que a la luz se abrieron un día para, después, ciegos tornar a la tierra, hartos de mirar sin ver! Es el mejor de los buenos quien sabe que en esta vida todo es cuestión de medida: un poco más, algo menos... El hombre sólo es rico en hipocresía. En sus diez mil disfraces para engañar confía; y con la doble llave que guarda su mansión para la ajena hace ganzúa de ladrón. Ayer soñé que veía a Dios y que a Dios hablaba; y soñé que Dios me oía... Después soñé que soñaba. Cosas de hombres y mujeres, los amoríos de ayer, casi los tengo olvidados, si fueron alguna vez. No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada: yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas. De diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañéis que un bruto se descuerne luchando por la idea. Las abejas de las flores sacan miel, y melodía del amor, los ruiseñores: Dante y yo -perdón, señores-, trocamos -perdón, Lucía-, el amor en Teología. Poned sobre los campos un carbonero, un sabio y un poeta. Veréis cómo el poeta admira y calla, el sabio mira y piensa... Seguramente, el carbonero busca las moras o las setas. Llevadlos al teatro y sólo el carbonero no bosteza. Quien prefiere lo vivo a lo pintado es el hombre que piensa, canta o sueña. El carbonero tiene llena de fantasías la cabeza. ¿Dónde está la utilidad de nuestras utilidades? Volvamos a la verdad: vanidad de vanidades. Todo hombre tiene dos batallas que pelear: en sueños lucha con Dios; y despierto, con el mar. Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar. El que espera desespera, dice la voz popular. ¡Qué verdad tan verdadera! La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés. Hay dos modos de conciencia: una es luz, y otra, paciencia. Una estriba en alumbrar un poquito el hondo mar; otra, en hacer penitencia con caña o red, y esperar el pez, como pescador. Dime tú: ¿Cuál es mejor? ¿Conciencia de visionario que mira en el hondo acuario peces vivos, fugitivos, que no se pueden pescar, o esa maldita faena de ir arrojando a la arena, muertos, los peces del mar? ¿Dices que nada se crea? No te importe, con el barro de la tierra, haz una copa para que beba tu hermano. ¿Dices que nada se crea? Alfarero, a tus cacharros. Haz tu copa y no te importe si no puedes hacer barro. Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber; lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed. ¿Dices que nada se pierde? Si esta copa de cristal se me rompe, nunca en ella beberé, nunca jamás. Dices que nada se pierde y acaso dices verdad, pero todo lo perdemos y todo nos perderá. Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar. Morir... ¿Caer como gota de mar en el mar inmenso? ¿O ser lo que nunca he sido: uno, sin sombra y sin sueño, un solitario que avanza sin camino y sin espejo? Anoche soñé que oía a Dios, gritándome: «¡Alerta!» Luego era Dios quien dormía, y yo gritaba: «¡Despierta!» Ya noto, al paso que me torno viejo, que en el inmenso espejo, donde orgulloso me miraba un día, era el azogue lo que yo ponía. Al espejo del fondo de mi casa una mano fatal va rayendo el azogue, y todo pasa por él como la luz por el cristal. Paginas Patrocinadas :
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